El modelo económico argentino: entre la estabilidad nominal y el estancamiento estructural
El modelo político-económico del gobierno nacional arroja resultados ambivalentes y plantea serios interrogantes a futuro. En el corto plazo puede exhibir como logro la estabilización nominal de la economía: bajó la inflación, el déficit fiscal se redujo y se impulsó un boom exportador en sectores primarios, como la energía y el agro. Estos “avances” conllevaron el costo de una fuerte recesión y un deterioro industrial.
Las herramientas usadas fueron las mismas de siempre:
- Mayor endeudamiento público y con organismos internacionales.
- Tipo de cambio rezagado.
- Cero inversión en infraestructura.
- Jubilaciones nacionales miserables.
- Abandono a los discapacitados.
- Apertura sin control.
- “Contabilidad creativa”.
Por supuesto, la promesa de que el desaguisado de las horrorosas administraciones populistas y macrista las pagaría la casta política resultó una burda mentira. Está a la vista quienes la están pagando.
La historia argentina demuestra que sin desarrollo, los períodos de bonanza se evaporan. Hemos experimentado varias veces estabilizaciones temporales que naufragaron por no abordar los desequilibrios estructurales, productivos, sociales y políticos. Hoy enfrentamos el mismo riesgo.
“Sin un plan de desarrollo económico integrador, que incluya políticas industriales, tecnológicas y educativas, toda mejora eventual será pasajera. Como venimos afirmando desde hace mucho tiempo, la principal debilidad de los sucesivos gobiernos es la falta de un auténtico plan de desarrollo a futuro”.
